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Antes
de convertirse en palacio, Igartza fue una torre. Por lo tanto,
el cometido que cumplía en la Edad Media tiene cierto componente
militar. Nuestros antepasados consideraban Igartza como un lugar
de gran valor estratégico. Sin ir más lejos, el documento más
antiguo que hemos reseñado sobre este lugar, datado en 1340, emplea
el puente de Igartza como punto clave para orientarse a través
de Gipuzkoa.
Siendo
esto así, no nos debe sorprender la importancia que adquiere Igartza
en las guerras de los Parientes Mayores. Al fin y al cabo, fue
precisamente para ser útil en esas circunstancias para lo que
fue erigido.
La
lucha que a principios del siglo XV (después de 1420 aproximadamente)
se vivió en Igartza es un buen ejemplo de ello. Nuestro Igartza
siempre aparece al lado del Señor de Lazkano. Sin embargo, Lope
García de Loiola y Joan López de Igartza se atrevieron a poner
en cuestión el liderazgo de Joan López de Lazkano, cabeza principal
del bando. La respuesta de éste fue fulminante: unido al enemigo
común a todos, Ladrón Balda, cercó la casa-torre de Loiola y...
¡la atacó con bombardas!. A pesar de que las bombardas -o lombardas-
son cañones de boca ancha que lanzan grandes pedruscos, estos
cañonazos no dañaron excesivamente los recios muros de Loiola.
Entonces, el ataque se dirigió contra Igartza.
Según
los cronistas de la época, las paredes de Igartza no aguantaron
semejante envite, produciéndose ese día un gran número de muertes
y homicidios.
Por
si esto fuera poco, en 1456 el rey de Castilla, Enrique IV, ordenó
derruir todos los elementos guerreros que tuvieran las casas-torre.
Éstas tuvieron que ser cambiar completamente y reedificarse. Es
una señal inequívoca de que el tiempo de los Parientes Mayores
se ha agotado.
El,
por entonces, Señor titular de Igartza, Martin Pérez de Altzaga,
no aceptó de buen grado esta decisión. En consecuencia, rompió
relaciones con el rey castellano y amparándose en la corona navarra
guerreó durante varios años contra Castilla.
De
todos modos, en 1475 rectificó su postura, haciendo las paces
con el rey de Castilla y poniendo Igartza de nuevo en marcha.
Igartza
tuvo que hacer frente a un modo de vida remodelado. Por eso, los
Señores y Señoras de Igartza, en lugar de renovar la fortaleza,
edificaron un Palacio propio del siglo XVI, justamente el mismo
que hoy podemos admirar.

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