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Dos
son los momentos que podemos remarcar al repasar la Historia de
Beasain. El primero nos llega desde la Edad Media y en durante
el mismo Beasain se inserta en el territorio de Gipuzkoa; el segundo,
comienza en el siglo XIX, con la llegada de la industrialización.
Estos dos tiempos históricos son los que principalmente balizan
la Historia de Beasain. Y es que nuestra ciudad, que nos aparece
tan dinámica a comienzos del siglo XXI, ha tenido un muy distinto
modo de vida hasta hace bien poco.
A
finales del siglo XVI, las personas que vivían en el entorno de
Beasain se encontraron ante la necesidad de organizarse y fortalecer
su plena identidad. Podemos decir que la principal preocupación
de entonces fue hacer frente a los Parientes Mayores. En este
enfrentamiento, eligieron unirse a la entonces naciente Gipuzkoa.
Así las cosas, en 1399 se encomiendan a la protección de la Villafranca
que se había desarrollado en Ordizia, dando la espalda al modelo
de sociedad medieval de los Parientes Mayores, la misma que, justamente,
se reflejaba en los Señores y Señoras de Igartza.
De
todos modos, tampoco las potentes villas como Ordizia, especialmente
los cargos municipales que mandaban en ellas, garantizaban la
libertad de los poblados cercanos. Por eso, junto a otras poblaciones
de alrededor, las gentes de Beasain acordaron en 1615 abandonar
la Villafranca de Ordizia y formar su propia villa. De aquí en
adelante, los beasaindarras desarrollaron su propia organización,
del mismo modo que cualquier otra villa de Gipuzkoa: oportunidad
de elegir alcalde-juez; derecho de tener representante en las
Juntas del territorio; obligación de pagar los gastos comunes,
etc.
Precisamente
para reducir los gastos ocasionados por su participación en las
Juntas, Beasain solía buscar la colaboración de otras entidades
similares, creando "Uniones" con Zaldibia-Arama, Ataun-Zaldibia,
o Ataun-Idiazabal. Del mismo modo, también era muy común la creación
de parzuergos en torno a la explotación de los montes. El creado
con Astigarreta y Gudugarreta, por ejemplo, estuvo en vigor hasta
1811.
Como
queda dicho, en la década de los ochenta del siglo XIX la industria
moderna transformó aquel viejo Beasain. En Beasain se pusieron
en marcha los primeros Altos Hornos de Gipuzkoa y también los
primeros productores de hojalata de Euskal Herria, incluyendo
a sus trabajadores ingleses. Después, entraron en funcionamiento
diversas industrias nuevas; así, tenemos las relacionadas con
la industria de la impresión, otras relacionadas con el ramo ecléctico
y, claro, las relacionadas con los trenes y su maquinaria, convertidas
éstas en símbolo de Beasain.
También
llegaron a nosotros trabajadores venidos de fuera, dando lugar
a un nuevo Beasain, superando, a veces poco a poco y en otras
ocasiones con gran estruendo, aquella sociedad basada en el idioma
y en las costumbres tradicionales. A partir de ahora, las preocupaciones
no vendrán ya dadas por las enfrentamientos con los Señores y
Señoras de Igartza o por la competencia con los pueblos de alrededor,
sino por las necesidades inherentes a ese nuevo Beasain, ya que
el crecimiento de la población demandará aumentar los servicios
y ocupar más espacio.
Mirar
hacia el futuro, por su parte, hace aparecer nuevos retos. Por
ejemplo, la conservación del patrimonio (incluyendo idioma y cultura)
que ese nuevo Beasain no ha engullido, patrimonio como el propio
Conjunto Monumental de Igartza para poder comprender como se ha
desarrollado y formado este nuestro pueblo.
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